Si arrastras dolores, mala técnica o una sensación constante de rigidez, puede que el problema no esté en tu entrenamiento. En este episodio analizamos cómo dos reflejos primitivos no integrados pueden alterar tu postura, tu coordinación y tu orientación al correr o nadar. Verás por qué estímulos tan simples como el movimiento de la cabeza, el gateo en la infancia o incluso el contacto de la ropa pueden disparar compensaciones musculares y limitar tu rendimiento.

Aprendizaje Motriz. «El Origen»

Muchos dolores crónicos, fallos técnicos y problemas de concentración no empiezan donde creemos. No están en el músculo, ni siquiera en el entrenamiento. Están en patrones neurológicos muy antiguos que deberían haberse integrado en los primeros meses de vida y que, cuando no lo hacen, condicionan cómo te mueves durante décadas sin que seas consciente de ello.

En este episodio, Dani Rodríguez explica cómo dos reflejos primitivos mal integrados pueden alterar tu postura, aumentar el tono muscular de forma constante y obligarte a compensar al correr, nadar o montar en bici. Desde una falta de extensión de cadera que nunca termina de corregirse, hasta una orientación deficiente en el agua o una rigidez cervical que aparece “de la nada”.

Se analizan señales muy concretas que suelen pasarse por alto: hipersensibilidad al tacto de la ropa, dificultad para girar la cabeza sin perder estabilidad, problemas de visión cercana o rechazo inconsciente a deportes con incertidumbre.

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