Este episodio desmonta el mito de que el sexo perjudica el rendimiento deportivo. Se revisa la evidencia científica sobre fuerza, resistencia y hormonas, y se aclara dónde está el verdadero problema. No es el sexo, es el contexto: alcohol, sueño y recuperación. Rendimiento y vida personal no son enemigos si se gestionan con criterio.
Cómo afecta tener sexo la noche previa a una competición
Sexo y rendimiento han convivido durante décadas rodeados de mitos, prohibiciones y discursos casi religiosos.
El episodio arranca con una reflexión personal inspirada en el kintsugi, la técnica japonesa que pone en valor las cicatrices, para enlazar con una idea central: demonizar aspectos normales de la vida suele ser más dañino que útil. A partir de ahí, se desmonta uno de los mitos más antiguos del deporte: la abstinencia obligatoria antes de competir. Los estudios revisados muestran que mantener relaciones sexuales no reduce la fuerza, no empeora la capacidad aeróbica y, en algunos casos, incluso puede elevar transitoriamente los niveles de testosterona.
El análisis introduce el matiz que casi nunca se menciona. Cuando el sexo interfiere con el rendimiento no es por el acto en sí, sino por lo que lo rodea: alcohol, falta de sueño, horarios caóticos o una mala gestión de la recuperación. El problema no es la relación sexual, es el contexto en el que ocurre.
El episodio cierra con una invitación clara a abandonar miedos heredados y a integrar la vida personal con coherencia.
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