Este episodio explica por qué la fascitis plantar se repite cuando no se aborda bien. Se analizan síntomas claros, errores de diagnóstico y el papel real del pie dentro de la cadena corporal. Se desmontan soluciones pasivas muy populares y se insiste en la fuerza como base de la recuperación. Si no fortaleces el pie, la lesión vuelve.
Cómo afrontar la FASCITIS PLANTAR
Dani Rodríguez, el fisio del equipo, desmonta los errores más habituales y explicar por qué muchas recuperaciones fracasan.
El primer punto clave es entender qué es, y qué no es, una fascitis plantar. El síntoma más claro es el dolor punzante al levantarse o tras periodos en frío, algo que permite diferenciarla de otras patologías del antepié como el neuroma de Morton. Tratarla como un simple “problema local” suele ser el origen del bucle lesión–reposo–recaída.
Dani explica que el pie no funciona de forma aislada. Alteraciones en la cadena posterior, e incluso tensiones a nivel mandibular, pueden modificar la carga que recibe la fascia. Por eso, limitarse a descargar, infiltrar o “proteger” el pie no resuelve la causa real.
El episodio es especialmente crítico con soluciones pasivas muy extendidas: plantillas blandas o de gel que reducen la estimulación sensorial, adormecen los receptores del pie y acaban trasladando el problema a rodilla, cadera o zona lumbar. El mensaje es claro: un pie fuerte es un pie protegido.
La recuperación pasa por reeducar, fortalecer y devolver función.
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