Este episodio explica por qué el manguito rotador suele lesionarse por la postura diaria más que por el entrenamiento. Se analiza la relación entre cifosis, espacio subacromial y dolor nocturno, y se proponen soluciones basadas en control escapular y fuerza bien dirigida. Sabrás cómo calentar antes de nadar y qué entrenar para proteger el hombro y evitar recaídas.
Cómo afrontar la lesión del MANGUITO ROTADOR
Dani Rodríguez, el fisio del equipo, analiza por qué el manguito rotador suele ser el eslabón débil en deportistas de resistencia y en quienes pasan horas encorvados frente a una pantalla.
El punto de partida es la postura. Una cifosis mantenida altera la posición de la escápula, reduce el espacio subacromial y somete al tendón del supraespinoso a un roce constante. Por eso el dolor no siempre aparece entrenando y, en muchos casos, empeora por la noche: los tejidos ya vienen irritados de todo el día y el descanso no compensa una mecánica deficiente.
El episodio desmonta el error clásico de “fortalecer el hombro” de forma aislada. La clave está en entrenar lo que lo rodea y lo gobierna: control escapular, dorsales, serrato anterior y musculatura extensora de columna. Sin ese soporte, el manguito compensa y se inflama. Fortalecer sin ordenar la postura perpetúa el problema.
Se abordan estrategias prácticas para seguir entrenando sin recaídas.
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