En este episodio se explica cómo el calor altera la termorregulación, eleva la frecuencia cardíaca y acelera la fatiga al competir por el flujo sanguíneo con los músculos. Se analiza por qué la sed aparece cuando ya es tarde, cuánto tiempo real necesita el cuerpo para aclimatarse y por qué viajar justo antes de competir suele ser un error grave.

Cómo rendir con CALOR y no morir en el intento

¿Qué ocurre realmente en tu cuerpo cuando la temperatura ambiental sube y por qué el calor mal gestionado es uno de los grandes enemigos del deportista de resistencia?

El primer punto clave es la termorregulación. Cuando entrenas con calor, tu cuerpo prioriza enfriar la piel mediante el sudor para evitar que la temperatura interna se dispare. El problema es que este mecanismo compite directamente con el aporte de sangre a los músculos. El resultado es claro: más fatiga, más pulso para el mismo ritmo y una caída progresiva del rendimiento.

La deshidratación es otro eje central del episodio. La sed no es un sistema de alerta precoz, sino tardío. Cuando tienes sed, ya has perdido una cantidad de líquido suficiente como para afectar a tu rendimiento. Por eso, esperar a “tener ganas de beber” es una estrategia perdedora, especialmente en sesiones largas o intensas.

El episodio también profundiza en la aclimatación al calor. El cuerpo necesita entre 7 y 14 días para adaptarse de forma real: aumentar el volumen plasmático, mejorar la eficiencia del sudor y reducir el estrés cardiovascular. Viajar a un entorno caluroso pocos días antes de competir impide que estas adaptaciones se consoliden y explica muchos fracasos en carrera que se atribuyen erróneamente a la falta de forma.

Por último, se abordan las pautas prácticas de hidratación cuando el sudor es elevado. No se trata solo de beber agua, sino de reponer sodio para mantener el equilibrio de líquidos y evitar caídas bruscas del rendimiento

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