Correr despacio no es perder el tiempo.

En este episodio te explica por qué el trabajo a baja intensidad mejora la economía, el uso de grasas y las adaptaciones celulares.

También se analiza cómo acelera el aprendizaje técnico sin acumular fatiga. Una reflexión clave para entrenar con equilibrio y criterio.

Los 3 motivos por los que también debes correr lento

Correr despacio sigue generando dudas, incluso entre deportistas con experiencia. Este episodio pone el foco en uno de los pilares menos comprendidos del entrenamiento de fondo: el trabajo a baja intensidad. No como relleno del plan, sino como base fisiológica y técnica del rendimiento.

Desmonta la idea de que estas sesiones sean tiempo perdido. Desde la evidencia científica, explicamos cómo correr suave mejora la economía de carrera, favorece el uso de las grasas como fuente de energía y estimula adaptaciones clave como el aumento de la densidad mitocondrial. Adaptaciones que no se consiguen forzando ritmos ni acumulando fatiga innecesaria.

El episodio también aborda un aspecto menos comentado: el papel del sistema nervioso. Al entrenar a baja intensidad, el cuerpo puede automatizar gestos técnicos de forma más eficiente, sin el ruido que genera el cansancio. Esto permite consolidar patrones de movimiento que luego se sostienen cuando el ritmo sube.

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