Las agujetas no son sinónimo de entrenar bien.
Este episodio explica qué las provoca realmente y por qué no deben buscarse en deportes de resistencia. Se desmonta el mito del ácido láctico y se pone el foco en la adaptación.
¿Por qué tengo agujetas? ¿Es porque he entrenado bien?
Sentir dolor después de entrenar sigue interpretándose como señal de trabajo bien hecho. En este episodio desmonto ese mito desde la fisiología y el sentido común aplicado al deporte de resistencia.
El episodio te explica qué son realmente las agujetas: microrroturas fibrilares provocadas por estímulos nuevos o por contracciones excéntricas a las que el cuerpo no está adaptado. No son un marcador de calidad ni de eficacia del entrenamiento, sino una respuesta transitoria a algo que el organismo aún no controla. Buscar ese dolor de forma intencionada, especialmente en deportes de resistencia, no solo es innecesario, sino contraproducente.
También se aborda uno de los errores más persistentes: culpar al ácido láctico del dolor muscular. El episodio aclara que el lactato no es un residuo dañino, sino una molécula clave en el metabolismo energético. Confundirlo con la causa de las agujetas ha generado durante años decisiones de entrenamiento mal orientadas.
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