El consumo de ibuprofeno o aspirina antes del entrenamiento puede reducir el dolor percibido, pero bloquea adaptaciones musculares clave y aumenta el riesgo gastrointestinal, renal y cardiovascular. La ciencia muestra que el ibuprofeno puede anular parte de las mejoras inducidas por el entrenamiento de resistencia y agravar el daño intestinal durante esfuerzos prolongados. Usar analgésicos como estrategia para rendir más no es una ayuda ergogénica, es una interferencia directa con tu adaptación y tu salud.

Tomar IBUPROFENO para rendir más, ¿si o no?

El ibuprofeno y la aspirina forman parte del botiquín habitual de muchos deportistas. Se usan para “prevenir” molestias, llegar más cómodos a entrenar o competir y, en algunos casos, para poder apretar un poco más cuando el cuerpo ya avisa. El problema es que esa comodidad tiene un precio fisiológico que suele ignorarse.

La evidencia es clara. El ibuprofeno interfiere con procesos adaptativos clave del entrenamiento de resistencia. Estudios experimentales muestran que su uso durante periodos de entrenamiento puede bloquear adaptaciones musculares dependientes del volumen, es decir, entrenas pero asimilas menos. No estás ayudando a tu cuerpo, estás frenando justo lo que quieres mejorar.

Además, el impacto sobre la salud es relevante. El ibuprofeno agrava el daño intestinal inducido por el ejercicio, especialmente en esfuerzos prolongados, aumentando la permeabilidad intestinal y el riesgo de problemas gastrointestinales. A esto se suma un mayor estrés renal y cardiovascular, algo que se ha observado de forma clara en corredores que consumen analgésicos antes de maratones.

En el caso de la aspirina, el escenario no es más favorable. Aunque su mecanismo es distinto, compartir la inhibición de prostaglandinas implica alterar respuestas inflamatorias necesarias para la adaptación y la reparación tisular.

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