Las zapatillas con placa de carbono no son para todo el mundo ni para todo momento. En este episodio analizamos cuándo realmente aportan mejora y cuándo se convierten en un riesgo innecesario. Explicamos por qué, si no corres a ritmos altos ni mantienes una cadencia eficiente, la placa no trabaja a tu favor y puede sobrecargar pies, gemelos o tendón de Aquiles. También verás por qué incluso los corredores rápidos deben alternarlas con zapatillas convencionales para acumular volumen sin romperse.
Zapatillas con placa de CARBONO, ¿si o no?
En este episodio, Dani, fisio del equipo, te cuenta por qué la placa no te hace correr mejor por sí sola. Funciona cuando hay una técnica, una velocidad y una capacidad de aplicar fuerza determinadas. Si no cumples esas condiciones, no solo no te ayuda, sino que puede cambiar tu forma de pisar, sobrecargar estructuras y aumentar el riesgo de lesión.
Se explica por qué correr por encima de 4:30/km o con cadencias bajas limita por completo el beneficio de la placa, y por qué usar estas zapatillas en rodajes suaves o calentamientos es una mala idea. La rigidez que tanto “rebote” promete a ritmos altos se convierte en un problema cuando no eres capaz de deformar el sistema zapatilla-suelo como está diseñado.
Además, el episodio deja clara una idea incómoda: incluso los atletas rápidos no deberían usarlas siempre. El abuso reduce estímulos, altera patrones y te impide acumular volumen de calidad. La placa es una herramienta puntual, no una solución mágica ni un atajo al rendimiento.
Antes de gastar más de 250 euros esperando que el material te dé lo que no te ha dado el entrenamiento, conviene entender si ese dinero estaría mejor invertido en mejorar tu técnica, tu fuerza o tu planificación.
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